Hay una disyuntiva en la visión que, durante décadas, nos han querido adoctrinar en cuanto a los acontecimientos de la caída de Tenochtitlan. Existen diversas perspectivas con apasionados puntos de vista que han generado distorsiones en la historia.
La argumentación post revolucionaria de que México fue conquistado por los españoles el 13 de agosto de 1521, nos remonta al análisis de las circunstancias que, documentos históricos mencionan, y es que la toma de Tenochtitlan se dio gracias a un ejército de aproximadamente cien mil guerreros.
Los registros indican que noventa y nueve mil eran naturales de la región pertenecientes a etnias como los chalcas, huejotzincas, xochimilcas, cholultecas, acolhuas, otomíes, por supuesto, tlaxcaltecas y hasta los eternos aliados de los mexicas: los texcocanos, hartos del yugo mexica y solo mil españoles.
Este ejército sitió, durante varios días, los accesos a la ciudad del Anáhuac, impidiendo la entrada de víveres para la supervivencia, hasta la renuncian de los mexicas, quienes torturaron, sometieron y asesinaron cruelmente durante años, a habitantes de estas culturas mencionadas y por ello se unieron a los peninsulares.
Hay quienes afirman que no fue una conquista, sino la liberación de los pueblos avasallados por los mexicas. A esto se suman argumentos como la adopción de la religión Cristiana, donde se fundamenta que no hubo una conquista espiritual, sino la aceptación de una nueva creencia alejada de lo sanguinaria que era la mexica.
No fue conquista, dicen estudiosos, pues eran pocos los españoles y menos espiritual porque solo doce monjes fueron los primeros en llegar a evangelizar y que los mexicas solo gobernaron cien años dentro de una larga línea temporal y milenaria de culturas en Mesoamérica.
Para concluir con la reflexión de si fue conquista o liberación, el académico Juan Miguel Zunzunegui nos pone a pensar que si amamos a México por su gastronomía, sus catedrales, sus pueblos mágicos, sus bailes y muchas otras cosas más, es gracias al mestizaje.

