Por Carlos G. Alviso López
Mucho se habla de la participación de los tlaxcaltecas en la conquista de Tenochtitlan.. En su mayoría, los comentarios son denuestos, falsedades históricas con juicios infundados o más comúnmente, se les tilda de traidores, sin realmente tener un sólido contexto de lo que muy probablemente ocurrió para que ésta y otras culturas, se unieran a los caxtiltecas, o sea, a los españoles, como les llamaban los naturales del Anáhuac, para derrotar a los mexicas.
No sólo fueron ellos, sino también los chalcas, huejotzincas, xochimilcas, cholultecas, tepanecas, totonacas y hasta sus fieles aliados los acolhuas, mejor conocidos como texcocanos, estos últimos, en estricto sentido, sí traicionaron a los tenochcas, al apoyar el derrocamiento de Cuauhtémoc, el joven y último Huei Tlatoani.
En fin, todas estas culturas, seguramente, inmersas en el hartazgo del yugo y crueldad que les infligían con despiadados sacrificios el pueblo del Sol de sangre, se sumaron a las tropas del extremeño Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano, cual era su nombre completo.
De vuelta con las hazañas de los tlaxcaltecas que fueron esenciales para lograr la hispanidad en América y otras latitudes. Registros históricos nos sitúan en el año 1565, cuando embarcaciones comandadas por algunos peninsulares, organizaron una expedición y en su mayoría, la tripulación eran tlaxcaltecas.
Avituallaron los navíos, pues era una travesía larga. Se embarcaron en lo que hoy es el puerto de Acapulco, para zarpar rumbo al sureste asiático por el océano pacifico; el destino: las Filipinas, donde dejaron legado étnico y lingüístico, al llevar la lengua náhuatl para allá. De tal suerte que también fundaron ciudades como Manila.
La importancia de este contingente tlaxcalteca quedó marcado no solo en la historia de Mesoamérica, sino a nivel mundial, ya que gracias a este viaje, se estableció lo que por 250 años funcionaría como la ruta del galeón de Manila, al estrechar lazos comerciales entre América, Asia y Europa. Se llevaban a Japón maíz y cacao, entre muchas otras cosas. Y del oriente, se traían alfombras o porcelana, por mencionar algunos productos.
En 1582 nuevamente se puso a prueba la valerosidad de los tlaxcaltecas, pues resulta que un grupo de piratas japoneses, conformados por samurais ronin, este último vocablo significa “sin señor” o “sin amo”, era guerreros rebeldes que no obedecían leyes y se dedicaban a saquear, invadieron las filipinas con intenciones de acabar por completo la colonización tlaxcalteca-española.
Al enterarse de este agravio tan faltoso a la Corona Española y a la Nueva España, el rey Felipe Segundo ordenó alistar un ejército de aguerridos tlaxcaltecas para defender el territorio de las Filipinas, a los cual, después de un encuentro bélico resultaron triunfantes los soldados de estirpe mesoamericana.
Tan notable fue la participación de nuestros ancestros mexicanos, que hasta la fecha en las Filipinas existe un municipio llamado México y tan injusta es parte de la historia con los tlaxcaltecas, que este tipo de acciones civilizadoras se han quedado en el olvido de la colectividad mexicana.

